Los científicos tienen la responsabilidad de fijar posición ante las crisis humanas

El profesor Nelson Araujo explicó los hallazgos científicos de Anfinsen y habló de su activismo humanitario.

Conversatorio Ciencia y compromiso humano divulgó labor del Nobel Christian Anfinsen

Elsa Pilato /Departamento de Información y Medios USB.-

Un recorrido por las contribuciones científicas del bioquímico estadounidense Christian Anfinsen (1916-1995) y su labor como activista humanitario, abrió el ciclo de conversatorios Ciencia y compromiso humano, organizado por los profesores Juan Ricardo Rodríguez y Nelson Araujo, del Departamento de Biología Celular, con el apoyo del Decanato de Estudios Generales.

Araujo se interesó en conocer más de la vida de Anfinsen a partir del campo de estudio al que se ha dedicado: las proteínas, y se sorprendió al enterarse de que no se limitó “al ambiente neutro y apolítico que se respira en un laboratorio, sino que en un momento de su vida, tomó una decisión y fue comprometerse con una causa; en su caso, desde su función de científico e intelectual, fue tratar de ayudar a otros seres humanos”.

Anfinsen, a quien le fue otorgado el Premio Nobel de Química en 1972 por sus trabajos sobre la ribonucleasa, comenzó a hacer públicas sus opiniones políticas cuando aún no era un científico reconocido: en 1955 ya escribía textos y firmaba manifiestos en los que se oponía a la Guerra de Vietnam, conflicto que le generaba temor porque había conocido de cerca la guerra durante una pasantía científica en Dinamarca durante la Segunda Guerra Mundial. “Nos muestra un valor, los científicos no solamente somos personas que generan conocimiento en un ambiente apolítico, sino que también tenemos que estar de frente a la situación que nos rodea, es nuestra responsabilidad. Además, debemos tomar en cuenta que podemos convertirnos en referencia para otros”.

Para Araujo, los hallazgos y experimentos de Anfinsen “fueron de tal impacto que contribuyeron a cambiar la comprensión del mundo de las moléculas biológicas, su trabajo ha sido inspirador, así como su compromiso con la humanidad en tiempos difíciles”.

En 1963, Anfinsen participó en la redacción del tratado de prohibición parcial de los ensayos nucleares, y en 1964, a raíz de la resolución del Golfo de Tonkin, mediante la cual Estados Unidos entraba directamente en el conflicto bélico de Vietnam, organizó una vigilia en el campus de los Institutos Nacionales de Salud donde trabajaba como investigador, en Bethesda, Maryland.

El activismo de Anfinsen prosiguió y en 1969 se opuso a la expulsión por la dictadura brasileña de más de veinte científicos de la Universidad de Sao Paulo, entre ellos Isaías Raw, Alberto Carvalho da Silva y Helio Lourenco de Oliveira. “Tomaron la Universidad, colocaron un rector y todos los profesores que estaban en contra fueron botados; nosotros en la USB debemos estar alerta y tener una postura ante lo que puede ser la imposición de un Vicerrector Académico”.

Araujo resaltó que Anfinsen trató de poner el valor humano por encima de cualquier tendencia política. Así, intentó propiciar el intercambio científico entre soviéticos y estadounidenses en tiempos de la guerra fría.

En 1981 dio un paso más en su activismo humanitario cuando presidió el comité de derechos humanos de la Academia Nacional de Ciencia de Estados Unidos. Esta posición lo llevó a viajar a Argentina y Uruguay para abogar por científicos que fueron hechos presos políticos de las dictaduras militares en ambos países.

En Argentina intentó sin éxito saber del paradero y dar fe de vida de doce científicos, supuestamente detenidos, y en Uruguay sí logró visitar al matemático José Luis Massera, encarcelado por la dictadura del general Gregorio Álvarez. “Las presiones durante este viaje fueron tantas y tan intenso lo vivido que recayó en el hábito del cigarrillo, según él mismo contó. La contribución y decisión de ayudar a otros seres humanos de Anfinsen es un ejemplo a seguir, su testimonio nos invita a que seamos activos, a no ser indiferentes”.

Fotos: Cindy Anselmi

Share