Del taller al laboratorio: soluciones moldeadas al calor del fuego

El trabajo que diariamente se realiza en el taller de vidrio de la USB, representa para la Universidad un ahorro de recursos difícil de calcular, pues allí se fabrican y reparan de manera inmediata las piezas de vidrio, muchas de las cuales ni siquiera existen en el mercado, que van directamente a los laboratorios para usarse en las prácticas de docencia y de investigación

 Soraya Villarreal / Departamento de Información y Medios USB.- 

 

Buretas, probetas, fiolas, destiladores, cilindros graduados, condensadores, balones, matraces, refrigerantes en todas sus presentaciones y un sin fin de equipos de laboratorio salen con frecuencia del taller de vidrio dela USB, un espacio poco conocido pero de gran importancia para la investigación y la docencia en Biología, Química o Física.

En ese taller, adscrito al Laboratorio B y ubicado en la planta baja del edificio de Química y Procesos, trabaja desde hace 17 años Roberto Villagrán, conocido como el maestro del vidrio, quien ofrece respuesta inmediata a las demandas de reparación y fabricación de piezas y aparatos de vidrio imprescindibles para el desarrollo de prácticas y experimentos de materias y proyectos de investigación de estudiantes de pre y postgrado, y profesores e investigadores.

Muchas de esas piezas ni siquiera existen en el mercado, ni aparecen en los catálogos de productos de esa línea, pues son específicas para un tipo de experimento, pero que una vez dibujadas en un papel, encuentran su forma en el vidrio moldeado por Villagrán a imagen y semejanza de quien la requiere o la diseña.

Es difícil calcular lo que ahorra la universidad en cada pieza, debido al costo y al tiempo de respuesta para usarla, a lo que se le suma el valor que le da al oficio el vasto conocimiento que tiene Villagrán en la fundición y moldeado del vidrio, demostrado en los diseños y las modificaciones de las piezas según las exigencias de los tesistas o de los profesores.

Roberto Villagrán es chileno, y tiene casi 25 años de experiencia en la fabricación de equipos de vidrio. Realizó estudios enla Universidadde Eötuös Lorand de Budapest, Hungría, donde obtuvo el título de Maestro de la técnica de vidrio, además de otros cuatro años de estudios enla Universidadde Chile en la misma área.

En un espacio reducido, se encuentra un mechero a gas propano que genera una temperatura entre los 1.000 y los 1.100 ° C. Maneja herramientas y materiales como carbón grafito, pinzas, rodillos, sin olvidar sus lentes especiales de seguridad hechos con vidrio de didimio para absorber la luz ámbar de la llama cuando se funde el vidrio y expulsa el sodio.

Muy cerca también están dos hornos para templar el vidrio que, como explica, sirven para eliminar la tensión del material y hacen que la pieza quede más resistente al quiebre o a fisuras. El vidrio apropiado para la fabricación y moldeado es el borosilicato (o pirex, marca comercial), cuya mayor propiedad es su resistencia a los más de 600° C de temperatura que se le aplica.

Equipos, espacio, proyectos

Hace unos dos años se compraron dos nuevos equipos, con recursos Locti, que servirán para ofrecer mejores acabados y nuevas piezas: un torno para transformación de vidrio y otro para fabricar piezas de grandes dimensiones, como reactores o destiladores. Sin embargo, no han sido instalados debido al poco espacio que tiene actualmente el taller cuya ampliación y adecuación dependen del escaso presupuesto que se está gestionando dentro y fuera de la universidad.

No obstante, la idea que Villagrán tiene del taller va más allá de la ampliación: convertir la unidad en un taller-escuela donde se forme personal capacitado para atender la demanda no sólo de la universidad, sino de otras universidades, centros de investigación y de la empresa privada, incluso generar recursos y promover el desarrollo de la química.

Villagrán explica que cada vez hay menos gente que fabrique piezas de este tipo y son menos quienes están dispuestos a transmitir conocimientos o a formar nuevas capacidades, por lo que su propuesta ayudaría a conformar a grupos de especialistas en el área. Otra idea, que comparte y con la que busca conectar y canalizar esfuerzos con profesores del Departamento de Química, es que, con la creación de la escuela taller se elaboren kits básicos de piezas de vidrio para laboratorios de bachillerato, con el apoyo de la USB.

Actualmente, el taller de vidrio sobrelleva la escasez de recursos que impera en la universidad, de allí que no se haya podido comprar el vidrio necesario para abastecer la demanda desde 1985, aproximadamente. “Subsistimos con lo poco que existe, y algunas medidas de vidrios ya no las tenemos. Lo recomendable es que cada dos años, por lo menos, se reponga el material necesario para el funcionamiento tanto del taller como de los laboratorios”.

Pieza clave: Soraya D’León, es técnico del Laboratorio de Química Inorgánica, y considera que Villagrán es un artista, “hace bien cada cosa, las piezas son costosas, y él las fabrica de la mejor manera, cumple las expectativas en cuanto al tiempo y a la calidad, es eficiente. La existencia del taller en la universidad tiene muchas ventajas, sin éste estaríamos arruinados, porque las piezas son importadas y caras, y si se comparan, las que se elaboran en el taller de la USB están mucho mejor. Es una pieza clave para los laboratorios”.

Personal calificado. Narciso Pérez, jefe del Laboratorio B, expone que el taller de vidrio tiene una gran fortaleza: Roberto Villagrán, reconocido por su capacidad de armar equipos complejos. Sin embargo, una de las mayores debilidades es la falta de vidrio en el mercado.

Jorge Mostany, quien fue jefe del Departamento de Química, cuenta que durante su gestión Villagrán fue clasificado con atribuciones y funciones, pues las que estaban en el papel no tenían nada que ver con las que ejercía. “Un vidriero es un artista, ejerce una profesión única, cada pieza es una artesanía. Había que hacer la equivalencia de las funciones para darle a Roberto la posibilidad de crecimiento dentro de la institución, explicando la utilidad del trabajo, los riesgos que corre y la ley de la oferta y la demanda de las piezas que fabrica”.

Carlos Borrás, también profesor del Departamento de Química, considera que Villagrán es un vidriero altamente capacitado y se podría sacar mayor provecho una vez se instalen los nuevos equipos. “En los laboratorios se trabaja con piezas que tienen bocas esmeriladas que se hacen en el equipo que está sin instalar por falta de espacio. Una vez estemos usando esos equipos, podríamos tener un mercado interno y entrenar personal (no sólo para la USB) pues no hay relevo”.

A Villagrán le quedan unos siete años de servicio antes de salir jubilado de la USB, y uno de los temores compartidos por los profesores y personal que usa los servicios del taller es justamente la falta de personal que lo releve en las funciones.

Los profesores opinan que de no aprovecharse la presencia del vidriero para formar gente, sencillamente “se hundirán”; consideran conveniente trabajar en la conformación de una escuela de vidriería, fortalecer el taller y llevarlo a ser una unidad de gestión para generar recursos, donde se forme gente supervisada por el propio Villagrán.

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